A veces se nos ocurren ideas que, importantes o no, desaparecen enseguida si no las afianzamos en un papel. Hoy me limitaré a atrapar esa gotita en estas líneas por si puede haber algo de cierto en ella.
Y es que me quedo pensando que tanto en facebook, como en los divertidos monólogos de la tele, como en las coñas que nos enviamos por whatsapp, como en algunos programas cotillas de buenas audiencias... hay un elemento sospechosamente común: todos ellos se fundamentan casi siempre en el desprestigio del vecino. Monólogo de las madres pesadas, coña sobre el último imbécil que nos ha molestado en el trabajo, intimidades ajenas contadas en un plató, y así un largo etcétera.
¿Por qué nos fijamos tan poco en quienes manejan los hilos a nivel macro? Ellos salen bastante indemnes y, aunque cada vez sus movimientos pasan menos desapercibidos, las críticas que reciben son en menor proporción, a tenor de la importancia y a veces gravedad de sus actos, que las que llegan al don fulanito con el que nos cruzamos día a día.
Vaya, que aunque el humor es necesario y no digo que sea inadecuado, cuando escucho risas sobre uno de nosotros, me puedo reír pero recordando la presente reflexión...
holaaaa!
ResponderEliminarPues estoy de acuerdo contigo. Esos programas son el opio del pueblo.
Mi humor favorito es de Chales Chaplin o Buster Keaton.